Hoy tenemos cientos
de clientes y
más de 3,000 sesiones
que nos respaldan,
pero no siempre fué así
Hoy tenemos cientos
de clientes y
más de 3,000 sesiones
que nos respaldan,
pero no siempre fué así

En el 2010 monté mi primer estudio

Mi estilo estaba muy inclinado hacia colores oscuros, usaba piercings en el rostro y era muy joven, la mayoría de las personas preguntaban: «¿Aquí hacen tatuajes?»  En ese momento no entendía, pero ahora comprendo que todo se debía a la falta de coherencia entre mi producto y la presentación. 

Las fotografías que ves colgadas en ese espacio son las primeras que hice ayudándome de amigos para conseguir a mis primeros clientes, también notarás que hay algunos personajes y es porque empecé colaborando con eventos de anime para darme a conocer.

En el 2010 monté mi primer estudio

Mi estilo estaba muy inclinado hacia colores oscuros, usaba piercings en el rostro y era muy joven, la mayoría de las personas preguntaban: «¿Aquí hacen tatuajes?»  En ese momento no entendía, pero ahora comprendo que todo se debía a la falta de coherencia entre mi producto y la presentación. 

Las fotografías que ves colgadas en ese espacio son las primeras que hice ayudándome de amigos para conseguir a mis primeros clientes, también notarás que hay algunos personajes y es porque empecé colaborando con eventos de anime para darme a conocer.

No tenía idea de cómo vender

Creía que solo porque mis fotos eran «bonitas» (para el estándar de la época), sería suficiente para que muchas personas quisieran contratarme… ¡Oh, sorpresa! Me dí un golpe de realidad muy duro al esforzarme tanto y no vender ni un centavo.

Contrariamente a lo que pensaba, las personas que asistían a esos eventos no estaban interesadas en invertir en mis fotografías y lo único que sucedió fue que terminé trabajando gratis, invirtiendo lo poco que tenía y sin tener un resultado. 

Lo intenté por muchos años pero, nunca funcionó. 

Agregué incluso algunos productos para no «perder», por ejemplo, verás en la imagen algunos collares, sombreros y otros accesorios.

Intenté de mil maneras y no solo en los eventos, sino también en mi estudio. Integré  muchísimos servicios diferentes con la esperanza de que pudiera tener un mayor ingreso. Llegué a vender camisetas personalizadas, accesorios infantiles, mochilas, carteras, plumas, llaveros ¡Hasta manualidades de San Valentín! ¿Y sabes algo? ¡Todas fueron un fracaso! 

Recuerdo que era algo muy frustrante, para ese momento, aunque era joven tenía muchas responsabilidades: Vivía sola y estaba estudiando la universidad.  En muchas ocasiones no me alcanzó para pagar mi renta o para solventar mis necesidades básicas. Sumado a esto, la insistente crítica de algunas personas cercanas lastimaba mucho «Consíguete un buen trabajo, de fotografías no se vive».

Agradezco mucho no haber seguido esos consejos, ya que de haberme conseguido un empleo no habría logrado que hoy leyeras estas palabas. 

Lo intenté por muchos años pero, nunca funcionó. 

Agregué incluso algunos productos para no «perder», por ejemplo, verás en la imagen algunos collares, sombreros y otros accesorios.

Intenté de mil maneras y no solo en los eventos, sino también en mi estudio. Integré  muchísimos servicios diferentes con la esperanza de que pudiera tener un mayor ingreso. Llegué a vender camisetas personalizadas, accesorios infantiles, mochilas, carteras, plumas, llaveros ¡Hasta manualidades de San Valentín! ¿Y sabes algo? ¡Todas fueron un fracaso! 

Recuerdo que era algo muy frustrante, para ese momento, aunque era joven tenía muchas responsabilidades: Vivía sola y estaba estudiando la universidad.  En muchas ocasiones no me alcanzó para pagar mi renta o para solventar mis necesidades básicas. Sumado a esto, la insistente crítica de algunas personas cercanas lastimaba mucho «Consíguete un buen trabajo, de fotografías no se vive».

Agradezco mucho no haber seguido esos consejos, ya que de haberme conseguido un empleo no habría logrado que hoy leyeras estas palabas. 

Pasé 7 años así

Vendiendo muy poco, intentando de todo. Me incliné por la fotografía y video de Bodas y Quinceñeras y ese fue el sustento que tuve por un tiempo. Hasta que llegó la navidad del 2017. 

Quería montar un set navideño, tenía la idea de comprar backdrops (fondos para fotografía), hacer una escenografía que simulara una cabaña o el polo norte. Le conté a una persona cercana y ella me dijo que no invirtiera porque perdería mi dinero, que mejor buscara hacer algo con lo que ya tenía: me consumió el miedo, pues en ese momento sí que me era difícil invertir (aunque fuera muy poco), le hice caso y nuevamente fue un fracaso.

Busqué entre mis cosas todo aquello que pareciera navideño: unas telas verdes, una cortina con estampado de temporada, forré una caja como si fuera regalo, coloqué esferas y adornos que no combinaban. Invertí muchísimo tiempo y esfuerzo en tratar de hacerlo lucir bien, pero la realidad es que solo pude obtener un resultado pobre que nuevamente me llevó a la frustración. 

Lo más triste de todo no fue el resultado del set, fue que en mi intento por vender algo empecé a promocionar las fotografías a un precio baratísimo solo para darme cuenta de que, aún regalado, nadie lo quería. Estuve muy cerca de tirar la toalla. 

Algo dentro de mí me decía que sí podía

Y fue entonces que me arriesgué. Con el poco dinero que tenía compré mi primer backdrop: la cabaña.  Era un fondo pequeño, de 5×7 pies donde apenas cabían bebés (o adultos pero sentados y de medio cuerpo). Empecé a promocionar mis fotografías nuevamente.

Esa navidad empezaron a cambiar las cosas y los clientes comenzaron a llegar. Después compré un fondo más grande (la tienda de regalos que ves en la imagen) y todo se volvió una locura. Mi trabajo era muy solicitado y tenía sesiones una tras otra, nunca había tenido tanto trabajo.

Así fue como descubrí la clave

Las fotografías son para el cliente, no para mí.

No importaba todo el esfuerzo que pudiera poner si el resultado no era del agrado de mi cliente. 

Si quería lograr ventas, tendría que averiguar ¿Qué es lo que desean comprar? 

Llega el reto más grande…

Empecé a invertir en mis sets y a promocionar estilos que fueran mucho más acorde con lo que estaba en tendencia. Adapté mi estilo para crear un ambiente coherente y todo iba de maravilla, cuando de pronto: Pandemia. 

Afortunadamente, había madurado bastante en materia profesional y pude sobrevivir realizando algunos trabajos de enmarcado personalizado con entrega a domicilio, pero en este lapso de tiempo hubo muchísimas cosas que me llevaron a un punto de gran desesperación. Mi vida personal era un completo desastre y mi mente daba muchas vueltas sin saber qué hacer, era muy grande la incertidumbre. 

Al final, todo lo negativo que sucedía en el mundo y en mi vida, terminó desembocando en cosas positivas: me dí el tiempo para investigar más sobre negocios, estudiar, aprender y pensar como aplicar todos esos conocimientos en el área que a mi me interesaba: la fotografía. 

Tomé la decisión de mudarme, cambié la ubicación del estudio a una de las mejores plazas de la ciudad. No sabía si sería un error, pero dí un salto de fé.

Inauguré mi nuevo estudio.

Y cada que platico esta historia digo: «Si hubiera sabido todo lo que me costaría abrir ese estudio, no lo hubiera hecho… ¡Qué bueno que no lo supe!» 

La inauguración fue solo el inicio, vendrían 2 años de trabajar 24/7, fueron temporadas en la que no tenía un solo día de descanso: llegaba a las 7:00 am y me iba a las 2:00 am. Jornadas largas, cansadas y muy intensas, pero que al final, rindieron sus frutos. 

Ahora quiero que todos estos años de esfuerzo sirvan a otros

Pasé por muchas experiencias nuevas, cambié por completo mi cartera de clientes, aprendí sobre estrategias, marketing, ventas, recursos humanos, administración, y un sin fin de temas más. Rediseñé mis propuestas, actualicé mis técnicas, cambié mi cámara, flashes, fondos. Todo para poder llevar más allá el proyecto que con tanto esfuerzo había empezado a construír 10 años atrás. 

Fuí sumando personas al camino, construyendo un equipo que pudiera solventar las necesidades de esta nueva etapa. Me enfrenté a nuevos retos y conocí una parte de mí que nunca creí que existiera. 

Hoy puedo ver que ha valido cada minuto: MariettaPhoto ahora es un estudio con más de 3,000 sesiones realizadas, con una aceptación y satisfacción altísima en nuestros clientes.


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